WARM UP 2026: Murcia bailó hasta el amanecer mientras el mundo ardía fuera
REDACCIÓN : MAMEN MARTINEZ - ABARCA 
FOTOGRAFÍA : ÁLVARO SIERRA
Entre himnos generacionales, sudor, electrónica salvaje y una ciudad completamente entregada, el WARM UP Estrella de Levante volvió a demostrar por qué ya no es solo un festival: es el gran ritual emocional de la primavera española.

Hay festivales que funcionan como escaparates. Otros como parques temáticos de la música en directo. Y luego está el WARM UP Estrella de Levante, que desde hace años juega en una liga distinta: la de los festivales que consiguen generar identidad. Murcia no acoge el WARM UP; Murcia se transforma para el WARM UP.
Durante dos días, La Fica dejó de ser simplemente un recinto ferial para convertirse en una pequeña ciudad paralela donde convivieron chavales de veinte años descubriendo a Ultraligera con treintañeros emocionados viendo a Bloc Party tocar canciones que marcaron su adolescencia, parejas bailando abrazadas bajo una lluvia tímida de mayo y grupos enteros sobreviviendo a base de cerveza fría, kebabs a las cuatro de la mañana y esa sensación tan extraña —tan adictiva— de que durante un fin de semana el mundo real se queda suspendido.
La edición de 2026 tenía algo especial incluso antes de arrancar. El cartel era probablemente el más equilibrado y ambicioso que ha firmado el festival en años: nombres históricos de la electrónica como Fatboy Slim y Soulwax, referentes generacionales como Bloc Party o Lori Meyers, el fenómeno emocional de Guitarricadelafuente y una selección nacional que radiografiaba perfectamente el estado actual del indie español, desde León Benavente hasta Ginebras, pasando por Rusowsky, Viva Belgrado, La Paloma o Ultraligera. 
Y quizá por eso se respiraba algo diferente desde primera hora del viernes. Las colas para entrar eran largas —demasiado largas en algunos accesos— y el calor murciano empezaba ya a golpear aunque todavía no fuese verano. Pero nadie parecía realmente incómodo. Había ansiedad, sí, pero de la buena: la ansiedad de quien lleva meses esperando exactamente este momento.
Porque el WARM UP tiene algo que otros grandes festivales han ido perdiendo con el tiempo: todavía conserva la sensación de evento humano. Todavía puedes cruzarte con músicos viendo otros conciertos entre el público. Todavía existe cierta cercanía. Todavía parece una celebración cultural antes que una maquinaria corporativa.
La breve lluvia que cayó durante los primeros compases del viernes apenas alteró nada. De hecho, casi ayudó. Refrescó el ambiente y dejó una imagen preciosa: miles de personas mirando al cielo mientras sonaban guitarras en el horizonte y Murcia olía a tierra mojada y cerveza recién tirada.
Guitarricadelafuente y el silencio más grande del festival
Si algo quedó claro durante esta edición es que Guitarricadelafuente ya no pertenece únicamente al circuito indie. Lo suyo empieza a moverse en otra dimensión emocional.
Su concierto fue uno de esos momentos donde el festival entero parece bajar revoluciones para escuchar. Sin necesidad de artificios gigantescos ni escenografías imposibles, consiguió algo mucho más complicado: atención absoluta.
Había algo profundamente cinematográfico en aquella imagen. La noche cayendo lentamente sobre Murcia, miles de móviles iluminando el recinto y esa voz quebradiza flotando por encima de la multitud como si estuviera narrando recuerdos ajenos.
No fue el concierto más explosivo del festival. Fue seguramente el más íntimo.
Y quizá el más importante.
Porque mientras muchos artistas siguen obsesionados con convertir cada directo en una experiencia viral, Guitarricadelafuente entendió algo esencial: a veces el verdadero impacto está en bajar el volumen y dejar respirar las canciones.
GUITARRICA DELAFUENTE
GUITARRICA DELAFUENTE
GUITARRICA DELAFUENTE
GUITARRICA DELAFUENTE
GUITARRICA DELAFUENTE
GUITARRICA DELAFUENTE
Soulwax y la sensación de estar dentro de una máquina
Horas después, Soulwax reventó cualquier posibilidad de calma.
Lo suyo no fue un concierto. Fue una demolición perfectamente calculada.
Las pantallas escupían luces estroboscópicas mientras las bases electrónicas golpeaban el pecho con una violencia casi física. El escenario parecía una fábrica futurista funcionando a máxima potencia y La Fica entró en trance colectivo.
Había cuerpos saltando completamente desacompasados, vasos volando, gente bailando sola con los ojos cerrados y esa sensación maravillosa de descontrol organizado que solo generan los grandes conciertos electrónicos.
Murcia, durante hora y media, dejó de parecer Murcia.
Parecía Berlín a las tres de la mañana.
O Manchester en los noventa.
O cualquier lugar del mundo donde la música sirve para escapar.
León Benavente siguen siendo necesarios
En una escena cada vez más obsesionada con la nostalgia y el algoritmo, León Benavente continúan funcionando como un puñetazo de realidad.
Su concierto fue tenso, eléctrico y político sin necesidad de sermonear. Hay grupos que llenan escenarios; ellos llenan canciones de significado.
Cada tema parecía hablar directamente de la ansiedad contemporánea, de la precariedad emocional de toda una generación agotada, de la velocidad absurda del presente.
Y aun así, la gente bailaba.
Porque quizá esa sea la gran virtud de León Benavente: convertir el desencanto en una celebración colectiva.
LEON BENAVENTE
LEON BENAVENTE
LEON BENAVENTE
LEON BENAVENTE
LEON BENAVENTE
LEON BENAVENTE
LEON BENAVENTE
LEON BENAVENTE
LEON BENAVENTE
LEON BENAVENTE
LEON BENAVENTE
LEON BENAVENTE
Ultraligera: cuando una banda empieza a convertirse en algo grande
Uno de los nombres que más conversación generó durante todo el festival fue Ultraligera.
Y con razón.
Todavía conservan esa energía algo desordenada de las bandas jóvenes que están descubriendo hasta dónde pueden llegar, pero precisamente ahí reside parte de su magnetismo. Hay hambre. Hay riesgo. Hay una electricidad muy difícil de fingir.
Su concierto tuvo momentos imperfectos —algún problema puntual de sonido, cierta saturación en algunos temas—, pero también esa sensación maravillosa de estar viendo a un grupo justo antes del gran salto.
Muchos festivales presumen de apostar por talento emergente. El WARM UP, esta vez, realmente pareció hacerlo.
El sábado: Murcia ya era una ciudad completamente tomada por el festival
El segundo día arrancó mucho antes de abrir puertas.
Por la mañana, las terrazas del centro estaban tomadas por camisetas negras, gafas de sol y conversaciones sobre horarios imposibles. El concierto sorpresa de Lori Meyers en la Plaza de la Universidad terminó de confirmar algo evidente: el WARM UP ya no ocurre únicamente dentro de La Fica. Ocurre en toda la ciudad. 
Murcia entendió hace tiempo algo que otras ciudades todavía no han conseguido: un festival no solo trae turismo. Genera relato cultural.
Durante ese fin de semana daba igual entrar a un bar, pedir un taxi o caminar por el centro histórico. Todo el mundo estaba hablando del festival.
Y eso tiene muchísimo valor.
Bloc Party y el peso de la nostalgia
Pocas bandas representan mejor la relación entre el indie de los 2000 y la nostalgia contemporánea que Bloc Party.
Cuando arrancaron los primeros acordes, el público reaccionó como quien vuelve a encontrarse con una parte olvidada de sí mismo.
Durante varios momentos el concierto fue absolutamente gigantesco. Himnos coreados palabra por palabra, saltos sincronizados y miles de personas regresando mentalmente a otra época.
Aunque también hubo sombras. Algunos asistentes criticaron problemas de mezcla y sonido durante parte del show, algo que terminó restando impacto a ciertos momentos clave. 
Y precisamente ese tipo de detalles hacen creíble al WARM UP: sigue siendo un festival enorme, sí, pero todavía imperfecto. Todavía humano.
Lori Meyers: el himno eterno de los festivales españoles
Hay algo casi antropológico en ver a Lori Meyers en un festival nacional.
No importa cuántos años pasen.
No importa cuántas veces hayas escuchado esas canciones.
Siempre funcionan.
Su concierto fue exactamente lo que tenía que ser: una celebración generacional gigantesca. La gente no cantaba las canciones; las gritaba como si fueran consignas emocionales.
En mitad del recinto, un grupo entero se abrazaba llorando durante “Emborracharme”. A pocos metros, otros bailaban encima de bancos improvisados. Más atrás, parejas besándose mientras sonaban sintetizadores conocidos desde hace más de una década.
Y quizá ahí reside la verdadera fuerza de los festivales: durante unas horas, miles de desconocidos sienten exactamente lo mismo al mismo tiempo.
Fatboy Slim y el cierre perfecto
Y luego apareció Fatboy Slim.
A sus sesenta y pico años, Norman Cook sigue entendiendo algo que muchos DJs más jóvenes todavía no han aprendido: pinchar no consiste únicamente en enlazar canciones. Consiste en leer emocionalmente una multitud.
Su sesión fue una masterclass absoluta de euforia colectiva. Big beat, house, funk, clásicos imposibles y remezclas delirantes sonando mientras más de 50.000 personas convertían La Fica en una rave gigantesca bajo el cielo murciano. 
“The Rockafeller Skank” sonó como un misil.
“Praise You” como un himno espiritual.
Y durante “Right Here, Right Now” ocurrió algo precioso: miles de personas levantaron los brazos al mismo tiempo mientras amanecía lentamente sobre Murcia.
Ese instante justificaba el festival entero.
FATBOY SLIM
FATBOY SLIM
FATBOY SLIM
FATBOY SLIM
El WARM UP como espejo de una generación
La edición 2026 confirmó algo importante: el WARM UP ya no compite únicamente por traer grandes nombres. Compite por significado cultural.
En un momento donde muchos festivales españoles empiezan a parecer intercambiables, Murcia ha conseguido construir una personalidad reconocible. Aquí todavía conviven la electrónica experimental y el indie masivo, las bandas emergentes y los artistas históricos, el pogo salvaje y la emoción íntima.
Sí, hubo colas excesivas en determinados momentos.
Sí, algunos escenarios tuvieron problemas puntuales de sonido.
Sí, el recinto sigue necesitando mejorar ciertos espacios de descanso y circulación.
Pero precisamente por eso sigue sintiéndose vivo.
Porque el WARM UP no parece diseñado únicamente para Instagram.
Parece diseñado para ser vivido.
Y eso, en 2026, es muchísimo más raro de lo que debería.
Cuando las luces se apagaron definitivamente y la gente empezó a abandonar La Fica arrastrando el cansancio, quedaba una sensación extraña en el aire. Esa melancolía pequeña que aparece siempre después de los grandes festivales. La sensación de haber compartido algo irrepetible con miles de desconocidos.
Murcia volvía poco a poco a la normalidad.
Pero durante dos noches había sido el centro emocional de la música en directo española.
GINEBRAS
GINEBRAS
GINEBRAS
GINEBRAS
GINEBRAS
GINEBRAS
GINEBRAS
GINEBRAS
OJETE CALOR
OJETE CALOR
OJETE CALOR
OJETE CALOR
LADILLA RUSA
LADILLA RUSA
LADILLA RUSA
LADILLA RUSA
LADILLA RUSA
LADILLA RUSA
JAMES
JAMES
JAMES
JAMES
VIVA BELGRADO
VIVA BELGRADO
VIVA BELGRADO
VIVA BELGRADO
VIVA BELGRADO
VIVA BELGRADO
Back to Top